Cuando pensamos en una première de cine solemos pensar en la película.

Pero mucho antes de que empiece la proyección, ya existe una experiencia cuidadosamente diseñada alrededor de ella.

La llegada de los invitados.

La ambientación.

La puesta en escena.

La producción.

La imagen.

Y cada vez más, el contenido que los asistentes generan y comparten durante el propio evento.

En producciones de este tipo, la experiencia no comienza cuando se apagan las luces de la sala. Comienza desde el momento en que el invitado cruza la puerta.

Por eso una experiencia visual para eventos no puede entenderse únicamente como una herramienta de captura. Debe formar parte de la producción y contribuir a reforzar la percepción global del evento.

Esa fue precisamente una de las reflexiones que nos dejó nuestra participación en la premiere de Mortal Kombat II celebrada en Cine Palafox Luxury, Madrid.

Una experiencia visual para eventos debe adaptarse al contexto

Existen muchos formatos donde una experiencia visual puede incorporarse como un elemento complementario.

Una boda.

Una gala.

Un evento corporativo.

Una presentación de marca.

Sin embargo, una premiere cinematográfica plantea exigencias diferentes.

Aquí la imagen ya forma parte de la propia producción.

Los asistentes no llegan únicamente para asistir a una proyección.

Llegan para vivir una experiencia relacionada con ella.

La localización.

La iluminación.

La ambientación.

La estética.

La llegada de los invitados.

Todo contribuye a construir una percepción determinada.

Por eso una experiencia visual para eventos de este tipo no puede competir con la producción. Tiene que integrarse dentro de ella.

Y precisamente ahí es donde reside la dificultad.

Cuando el contenido forma parte de la experiencia

Durante años, la fotografía y el vídeo en eventos tuvieron una función relativamente sencilla.

Documentar.

Generar recuerdos.

Entregar el material días después.

Hoy la realidad es diferente.

Especialmente en eventos vinculados al entretenimiento, la cultura o las marcas.

Los asistentes no solo quieren conservar un recuerdo.

Quieren compartir la experiencia mientras la están viviendo.

Quieren formar parte de la conversación que ocurre alrededor del evento.

Y eso cambia por completo la forma de diseñar una experiencia visual para eventos.

La velocidad deja de ser una cuestión técnica.

Pasa a formar parte de la propia experiencia.

El reto no es solo capturar contenido

Cuando se habla de determinadas tecnologías para eventos, es habitual que toda la atención se centre en la captura.

Los movimientos.

Los efectos visuales.

La espectacularidad del resultado.

Sin embargo, la experiencia del invitado no termina cuando se genera el contenido.

Termina cuando puede utilizarlo.

En la premiere de Mortal Kombat II, uno de los objetivos era que los asistentes pudieran disponer de sus vídeos prácticamente en tiempo real para compartirlos durante el propio evento.

Porque el valor de ese contenido es máximo cuando la conversación sigue activa.

Cuando la experiencia todavía está ocurriendo.

Cuando el evento sigue vivo.

Capturar contenido espectacular es importante.

Pero hacerlo llegar al invitado en el momento adecuado es lo que convierte una demostración tecnológica en una verdadera experiencia visual para eventos.

Producción, tecnología y ejecución deben funcionar juntas

Nuestra participación en esta producción se desarrolló junto a Robolt.

Mientras su equipo se encargaba de la operación y control del sistema Bolt, nuestro trabajo consistía en procesar y distribuir los vídeos generados para que los asistentes pudieran recibirlos prácticamente al instante.

Puede parecer una cuestión operativa.

En realidad, es una cuestión de diseño de experiencia.

Porque una experiencia visual para eventos de alto nivel no depende únicamente de una tecnología concreta.

Depende de la coordinación entre todos los elementos que intervienen en ella.

Captura.

Procesamiento.

Entrega.

Uso por parte del invitado.

Cuando una de esas partes falla, la experiencia se rompe.

Cuando todas funcionan juntas, la tecnología desaparece y lo único que permanece es la sensación de fluidez.

Lo que aprendimos diseñando una experiencia visual para eventos en una premiere

La premiere de Mortal Kombat II nos recordó algo que vemos repetirse en los eventos de mayor nivel.

La diferencia rara vez está en la tecnología utilizada.

La diferencia está en cómo se integra dentro de la producción.

Una experiencia visual para eventos no aporta valor por existir.

Aporta valor cuando refuerza la percepción del evento.

Cuando encaja con el contexto.

Cuando respeta la puesta en escena.

Cuando amplifica la experiencia de los invitados.

Y cuando permite que esa experiencia continúe más allá del propio espacio físico.

Porque en una premiere, igual que en una gala, una celebración o un evento corporativo de alto nivel, la imagen no es un elemento accesorio.

Forma parte de la producción.

Y cuando se diseña correctamente, también forma parte del recuerdo que los asistentes se llevan consigo.